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8 Cuadros Son 1
 

El enigmático y gestual abstracto expresionista pintor AndaLuz indaga en los prolegómenos de otras existencias, en mundos que están conformados por energías sutiles o no, que fluyen en el espacio, en nuestro propio espacio-tiempo y en otros espacios que no están al alcance del cerebro humano.

 
Sus obras, cuatro en uno, ocho en uno, es decir ocho obras en una misma obra, ocho pinturas distintas, según posición y ángulo de contemplación, según punto de vista del espectador, configuran una creación pictórica que se aparta de los cánones habituales, que se incardina en el marasmo energético de trascender para ir más allá de la materia.
Joan LLuis Montané
 
 
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8 Cuadros

Somos Todos UNO

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Al alejarse o acercarse del cuadro este cambia de forma y significado, al rotarlo 90º sucede lo mismo.

Al mirar el cuadro cierre y abra sus párpados poco a poco y observe los cambios en el lienzo.

Haga esto en todos los tamaños (dimensiones) del cuadro.

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Posición 1

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El Hombre Animal

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Posición 2

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Mujer 1

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Posición 3

Mujer 2

 

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Posición 4

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Cara de Niño

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Cara de Mono

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Cara de Hombre

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Cara de Mujer

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Crítica escrita por Joan Lluis Montané

 

1. Los mundos enigmáticos de un expresionista singular

2. Captador de energías y espíritus en el marasmo de lo plástico

3. Paseando en el interior de lo enigmático sutil y de la energía desbordante

4. La dinámica de la gestualidad en el propio espacio

5. Los universos de cuatro en uno y ocho en uno

6. La pulsión de la presencia.

7. Contacto con el más allá

8. Los enigmas en el propio misterio

9. El movimiento de la sinergia en la confluencia de mundos

10. Alma, espíritu, trascendencia, reencuentros y vidas pasadas

 

1

Los mundos enigmáticos de un expresionista singular

Abstracto, gestual, indaga en lo enigmático, en la pléyade de preguntas que lanza al aire en su catarsis sensorial. Gestos, espacios, cuatro obras en una, ocho obras en una, yuxtaponiendo los mundos existentes en la dinámica de lo recurrente, fomentada por el método automático, la descripción de lo inconsciente, la presentación escenográfica del subconsciente.

De repente, en su discurso plástico aparecen personajes, caras de seres que están ahí, pero, a la vez, se encuentran en la dinámica de lo sutil, insinuado.

Abstracción, culto a la materia del pigmento, el color como antesala de su capacidad de percibir otros mundos, de trascender en lo inmaterial del espacio. En el espacio todos los tiempos, no hay una curva tan solo, sino múltiples curvas, que le transportan a diferentes realidades, que le sumergen en ambigüedades sutiles, en estadios de la conciencia inimaginables.

Se trata de ir más allá de lo sugerente, porque lo que existe es lo que no se ve, lo que nuestra mente percibe.

La mente es infinitamente grande, sugerente, porque está en continuo crecimiento, dado que es energía. De ahí que su obra sea como un libro complejo, llena de llaves que abren puertas al espectador más minucioso, pero, también, le hace reflexionar con respecto a su trascendencia. Es un claro exponente de obra expresionista abstracta, que encierra personajes alegóricos, que se permite la ocurrencia de ir indagando en los mundos que realmente intervienen en los procesos psíquicos.

Canaliza otros mundos a través de la descripción automática, sometiéndose a un proceso febril, de creación directa, potente, en un estado en el que se convierte en canalizador de ideas, sentimientos, que transmite a través de su pintura durante horas, envolviéndose en singularidades, en perspectivas que van más allá de la descripción, que profundizan en el interior del tiempo, olvidándose del tiempo, superando el espacio, entrando en otras facetas de la existencia, en la que se entrecruzan las energías, en la que la materia no se ve como tal, sino polos energéticos que representan seres, objetos, pensamientos, ideas, sugerencias, actitudes, formas de ver la realidad hasta sus últimas consecuencias.

Existimos en base a la configuración de la materia, pero, también a partir de la constatación de la existencia de luz, de los haces lumínicos que nos acompañan en la dinámica del devenir, que superan ambigüedades. De ahí que sus obras cambien según zonas, ángulos y posición, y, sin embargo, sea la misma obra. Son pinturas dentro de pinturas, zonas cromáticas con gesto, que evidencian otros gestos, que son seres, haces de energías sutiles o determinantes en la danza de las danzas de la trascendencia. Capta espíritus, que son haces de corriente lumínica, energías desbordantes y desbordadas que superan los cánones de lo establecido, porque se muestran al espectador.

Su obra es un nuevo aporte a la pintura contemporánea actual porque se basa en su capacidad de evocar trascendencia a partir de la energía existente pero sin caer en sutilidades ambiguas.

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  2

Captador de energías y espíritus en el marasmo de lo plástico.

El enigmático y gestual abstracto expresionista pintor andaluz indaga en los prolegómenos de otras existencias, en mundos que están conformados por energías sutiles o no, que fluyen en el espacio, en nuestro propio espacio-tiempo y en otros espacios que no están al alcance del cerebro humano. Sus obras, cuatro en uno, ocho en uno, es decir ocho obras en una misma obra, ocho pinturas distintas, según posición y ángulo de contemplación, según punto de vista del espectador, configuran una creación pictórica que se aparta de los cánones habituales, que se incardina en el marasmo energético de trascender para ir más allá de la materia. De hecho la materia es energía, se nutre de espasmos energéticos, situados en determinadas coordenadas producidos por seres, entes, espíritus, energías que están en transición, que se encuentran en estadios de evolución.

En ocasiones Roberto Benítez entra en un trance plástico que le permite conectar con estas otras realidades que existen pero que no vemos, están ahí porque la existencia es la suma de existencias, la herencia del karma, la conjunción de vidas pasadas, de momentos de la historia personal de uno que se reflejan ahí, como producto de un determinado momento de acción. Somos acción, energía pura, gesto en el espacio, espacio con gesto energético.

Nosotros nos llenamos de fuerza gravitatoria, de voluntad material de vivir, pero, también, hay otros aspectos de la propia espiritualidad que nos gobiernan, que están ahí, que son el resultado de su determinación más allá de las anécdotas. De ahí que lo que existe es la voluntad de percibir, la determinación en evolucionar hacia estadios superiores, en los que hay otros planos de existencia. De hecho no hay una sola porción de existencia que sea igual a la otra. Por consiguiente la pintura del creador andaluz es la suma de diferentes creaciones, porque es el reflejo de la conjunción de energías que intervienen en determinados planos del espacio-tiempo y de otros parámetros que no podemos percibir con los medios normales.

Sus obras pictóricas cuatro en uno, ocho en uno, reflejan la fuerza y determinación de quien va más allá de la anécdota, surgen de la evidencia de que lo que existe se encuentra en la llave del arcano, en los archivos del supra ser, en los mundos de lo ignoto, pero que poseen abertura en las que entrar y constatar toda la fuerza de su propia conformación.

Refleja, aquí y allá caras, seres, animales, esbozos de pasadas existencias, retazos de espíritus en evolución, en el marasmo gestual y curvilíneo de su obra pictórica en la que lo importante es la determinación de la captación.

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3

Paseando en el interior de lo enigmático sutil y de la energía desbordante

El pintor andaluz Roberto Benítez trabaja en obras cuatro en uno y ocho en uno, es decir que, con respecto a una misma obra, según punto de vista del espectador y ángulo y posición desde la que se contemple la pintura, esta puede cambiar de forma completa, apareciendo aquí y allá seres, rostros masculinos, femeninos, conformaciones formales que recuerdan animales y también otros rasgos sutiles y fragmentos de existencias que se muestran con claridad. Todo es producto de la propia decisión personal del artista, de su catarsis individual, de sus canalizaciones y su energía desbordante. Es un creador que no se contenta con la realidad, sino que se mueve a través de energías que forman parte de esos mundos en los que las energías de otro tipo existen pero que no podemos captar.

Su singularidad estriba en que entra en conexión con estas energías, no para atraerlas al plano físico, sino para reflejar las canalizaciones de las que es objeto, en el sentido de mostrar a la humanidad, a través de su discurso gestual expresionista abstracto pictórico, la existencia de otras conformaciones energéticas y de otros planos y niveles de realidades que son paralelas pero que están ahí.

Es un creador que pasea en el interior de lo enigmático sutil y de la energía desbordante, de la conformación estructural de formas, de conjunciones de evidencias, de determinaciones sutiles, en el aspecto de contactar con mundos que son mundos espirituales, emblemáticos, que se esconden en otros mundos, no por deseo de camuflaje, sino por su propia consideración existencial.

Hay realidades paralelas, que existen y no se cruzan, que están ahí y que poseen la fuerza determinante de los que van más allá de lo real cotidiano. Es decir que su imaginación le concede el privilegio de la pintura y su energía especial el don de la canalización. El resultado es una obra pasional, poética, gestual, desgarrada, a veces, sincopada, resuelta y determinante, sutil, evanescente y que fluye con soltura, casi acariciando la fortaleza de la materia, pero, en sí misma, es más fuerte que lo matérico, porque lo denso pero flexible se transforma con mayor rapidez. De hecho la existencia es energía, siendo consciente de ello, dado que es capaz de conectar con la determinación de lo ambiguo, con la fenomenología de lo declarado, para ir más allá, dado que representa lo que verdaderamente existe, pero no con detalle, sino en la forma con que le es transmitido.

En consecuencia está claro que su pintura posea carácter, sea de fortaleza sensible, se armonice conforme al sutil entretejido pictórico, muestre gestos, aspas, curvas, colores al viento, aire, mucho aire, gesto, curva del corazón, curva de la energía en transformación, curva del espíritu, del conjunto de espíritus.

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4

La dinámica de la gestualidad en el propio espacio

La obra pictórica de Roberto Benítez viaja a través del gesto, en el espacio, con o sin tiempo, buscando nuevos espacios, permitiéndose captar lo esencial y lo circunstancial, a modo de vertebrador de realidades, contenidas en proyectos paralelos, insertados en la propia evidencia de lo trascendente.

Todo lo que existe trasciende la propia evidencia. Estamos en un cúmulo de circunstancias en las que lo importante es la forma con que se aborda la realidad. Hay diferentes realidades que pueden ser o no acumulativas, alegóricas, simbólicas, que se reparten el espacio, que se hallan en paralelo que, en ocasiones, no observamos.

Roberto Benítez viaja por las profundidades de su mente, entrando en trances, a veces sugestionado por la imaginación, otras por el conocimiento adquirido, pero, también por la propia capacidad de la energía en avanzar hacia prolegómenos establecidos y otros más ignotos. Porque la realidad es suma de realidades, es decir que va más allá de las circunstancias, inducida por la acción de la energía que lo va transformando todo.

La energía incide como si fuera una conjunción de planteamientos situados en diferentes planos que el artista andaluz canaliza como formas y gestos. Pero, entre los gestos, en mitad de líneas, curvas, espacios, cromatismos, se forman caras, rostros, figuras, elementos que poseen lecturas referenciales, que se iluminan como retazos de memoria perdida, fragmentos de canalizaciones, concentraciones de energía alfa y beta, transmitiendo fuego, trascendencia, virtuosismo, contemplación, o bien agua, relajación, movimiento silente. De la tierra, materia concreta, viajamos al espacio, aire, evanescente, pasando por el fuego purificador y transformador, hasta llegar al agua, receptáculo, lámina transparente o no que contiene la bios, que vuelve a generar vida, organismos, micro-organismos, seres de otros mundos.

Su catarsis le conduce a representar la incidencia de lo real en lo espiritual y a la inversa. Los mundos están armonizados, pero solo constatamos aquello que nos enseñan, al margen de la real unidad. De ahí que la obra de Roberto tenga la capacidad y atrevimiento necesarios para alcanzar la conjunción de ambas.

 

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.5

Los universos de cuatro en uno y ocho en uno

Obras dentro de otras obras, cuatro en uno y ocho en uno, formulaciones específicas en la mente y en la realidad externa. Elucubraciones mentales, proyecciones de la mente, universos paralelos, ambigüedad o destino... todo ello en las obras laberínticas y de multi-realidad de Roberto Benítez. Creaciones que proceden de la catarsis, de la captación de mensajes que el cerebro y el corazón procesan de forma automática, aumentando la dosis de plasticidad de los mismos.

Describe escenas nunca pensadas, escenarios dramáticos o lánguidos que bucean en la teatralidad de la propia existencia. Espíritus que se pasean entre dos mundos, buscando la ascensión a otros más evolucionados; otros que están atrapados en el amasijo de recuerdos y en los anhelos de los humanos. Puertas de luz que se abren y se cierran, con seres de luz o no, que vuelan sin cuerpo. Seres procedentes de otras galaxias, cual ovnis, que se dejan caer en la soledad del silencio en las noches estrelladas, en el espacio sugerido, fruto de instantes en los que el creador andaluz capta sus vibraciones.

Paisajes abstractos, surtidos por la fuerza del expresionismo, de la forma curva, de la posibilidad de crear mundos infinitos, contenidos en el lienzo. Pero su pintura va mucho más lejos. No pretende sorprender solamente, sino también ser rigurosa con el verdadero pensamiento del artista, que se encuentra más allá en el más acá.

Es un creador que indaga en su propia conciencia, que vuela, realiza viajes astrales, se sumerge en regresiones a otras vidas, se traslada en cañones elípticos a circunferencias inventadas, en mitad del espacio, donde todo confluye, porque si somos conscientes de que somos uno, el resultado es que somos. El quid de la cuestión estriba en saber comprender que por mucho que busquemos fuera solo somos uno en nosotros mismos. Lo exterior son proyecciones de la mente, evidentemente que existe, pero según la capacidad del cerebro de cada uno, veremos una parte u otra de la existencia. Es decir que nos atendremos a las limitaciones propias de aquellos que se dejan llevar por las neuronas, pero, sin embargo hay otros universos.

Existe una jerarquía, otros mundos, seres extraterrestres o bien humanos, que están allí y aquí, con los que el pintor andaluz conecta, pero con los que tampoco pretende romper esquemas, y atraerlos a toda costa, sino que los emplea para mostrarnos que la multi-realidad es la realidad más absoluta...

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6

La pulsión de la presencia

La obra pictórica del artista andaluz se basa en la dinámica de la incidencia de las formas en el espacio, sea este inventado o no. En el espacio todo, conformando la pléyade de energías, que nutren la realidad y la suma de otras realidades.

Somos el resultado de nuestra propia evidencia, viajando por el espacio, en el que se expresan las energías, estableciendo otros vínculos distintos de los que la mente capta de forma cotidiana.

La mente es un instrumento para este espacio-tiempo, pero, luego, hay que dejar fluir la propia existencia para poder captar esas otras realidades que se encuentran en lo complejo de lo simple, más allá de la determinación ya que lo que es arriba está abajo y lo que está abajo corresponde a lo de arriba.

Todo confluye en la dinámica de las existencias, aquí y allá, bien sea pensamiento, imaginación, realidad física, realidad espiritual, conglomerado energético, conglomerado lumínico, idea y pensamiento.

Lo esotérico es la afirmación de lo simbólico. El símbolo es la antesala del misterio, el icono que nos permite desvelar el desarrollo de la acción. Toda acción vital tiene su compensación en la revelación del más allá de la física y la terraqueidad.

Nuestra verdadera existencia se basa en parámetros biológicos, pero su ascendente enigmático se encuentra emplazado más allá de los límites, en el espacio donde todo es nube vaporosa, versión dinámica de lo energético, que alimenta la luz celestial, que nos dota de coherencia, que nos hace sentir seres humanos únicos, inmersos en la pléyade de sentimientos que son los que, realmente, forman parte de la propia experiencia.

Hay diversos terrenos abonados a la imaginación que, luego, se convierten en realidades demostrables.

En ocasiones comprobamos como la pintura de Roberto Benítez se canaliza en exclusiva en dirección al mundo de la imaginación, pero, luego, vemos que su acción es más profunda, situándose más allá de las circunstancias, constatando la pulsión de la presencia.

Nos encontramos en la suma de presencias, siendo Roberto Benítez un canalizador de estas presencias, que son entes energéticos, también seres anímicos que se forman en el éter, en el contexto de un espacio-tiempo inusual, sometido a presión, emplazado en la propia dinámica del cambio constante de la energía.

Todo es vital en el sentido biológico, pero la vitalidad de las presencias no tiene connotaciones de este mundo, porque son el resultado de la evidencia de la existencia lumínica.

Presencias, emplazadas en pinturas de cuatro en uno y ocho en uno, múltiplos pares, consideraciones aritméticas que surgen de la lumínica constatación.

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7

Contacto con el más allá

Seres que se desplazan sin cuerpo, almas, espíritus, conformaciones vibratorias, imágenes de personas, animales, objetos y elementos. Roberto Benítez es un expresionista apasionado, que pinta lo que ve, más allá de lo evidente.

No repara en medios, concentrándose a nivel energético en un auténtico acto catártico, despojándose de sus vestidos y limitaciones, entrando en trance, viajando hacia los mundos innombrables, que están ahí, en realidades paralelas. Realidades que son la expresión de la propia diversidad compleja de mundos, producto de la energía natural y física, pero también, como resultado de la energía espiritual.

Contacta con el más allá a través de su pintura, método automático, volcánico, torrente de lava desbocado, que deja fluir toda su pasión, siendo la imaginación el conducto; pero, mientras, su verdadero laboratorio creativo descansa en el proceso de selección de las distintas realidades. No es cuestión de neuronas, sino de saber interpretar de forma natural los signos y símbolos que nos encontramos, que son pistas, que allanan el camino de la búsqueda interior y exterior.

Somos producto de nuestras circunstancias, pero también podemos alterarlas, dado que estamos formados por energía, desarrollamos la fuerza de la determinación, la fortaleza de la ambigüedad, contenida en el marasmo acariciador, en aquellos mundos imprescindibles que nos acompañan con claridad natural, que nos impulsan a recorrer la evidencia de los iconos, llaves, que permiten pasar de una realidad a otra.

El más allá, los más allá de acá, son otras realidades, que existen sin tiempo, que no están limitadas por el espacio, por que, en sí mismas, son espacio; el espacio, diversos espacios, que se contienen como las muñecas rusas, para, finalmente, no ser.

El contacto con el más allá es producto de la propia idiosincrasia del creador plástico andaluz, un ser dotado de alma con una pureza casi infantil, que enarbola el arco iris de la naturaleza, para indagar en la mente cósmica.Es un buscador que se busca a sí mismo, que se halla, porque es él mismo. Siendo, considerándose el ser, se es. De ahí que su obra sea el producto resultante de su propio ser.

Su contacto con el más allá crea una unión con la determinación de la evidencia de la propia existencia.

Las dimensiones paralelas existen porque somos, pero al margen de nosotros, seguirían existiendo. En consecuencia todo en el cosmos está interrelacionado hasta lo que desconocemos. Pero, no, por el hecho de ser desconocido, debemos rechazarlo. De ahí que la profesión de fe de Roberto sea clara, acepta lo que no es demostrable pero que es.

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8.

Los enigmas en el propio misterio

Hay muchos enigmas que se contienen a sí mismos, en diferentes planos. De ahí que los enigmas que presenta Roberto Benítez están conformados en el propio misterio. Un misterio apasionante, muy logrado, que surge de la propia necesidad de creer en existencias que no sean las cotidianas. La tierra, planeta del misterio escondido en la dimensión de la propia materia.

Materia peredecedera, aquella que está contenida en la propia evidencia de sus características, que desarrolla sus propiedades consideradas únicas, perfectas, surgidas de una nada cósmica.

Los enigmas del propio misterio, creaciones cuatro en uno y ocho en uno, obras que captan y filtran los seres del misterio, que no son otros que espíritus, entidades de otros planetas, OVNIS en el horizonte, personajes de tecnología muy avanzada.

Se trata de seres que habitan muchos mundos, aunque están en este; extraterrestres que van de un planeta a otro, con ingenios voladores o bien desplazándose a través de los viajes astrales.

La capacidad de conocer otros mundos, de trasladarse a planetas remotos de infinitas galaxias está al alcance de unos pocos, pero que, podrían ser muchos, dado que todos estamos en evolución hacia mucho más allá de la existencia física.

Somos seres con alma inmortal en peregrinaje temporal, que podemos viajar por el espacio más deprisa que cualquier ingenio espacial.

La máquina, la tecnología, están limitadas por la propia máquina, mientras que las energías de todo lo existente, mineral, vegetal, animal y ser humano, poseen el signo de los tiempos, es decir la posibilidad de avanzar hacia las pléyades dimensionales, buscando ignotos mundos que se encuentran en nuestro interior.

Nuestro cuerpo astral nos permite ver las maravillas del mundo a velocidades siderales. La traslación dinámica, el movimiento continúo es el resultado de la propia vida.

Sin vida no hay percepción de futuro, no hay más allá de lo cotidiano.

Lo cotidiano es la virtualidad de lo existente, la propia efervescencia de la paradigmaticidad.

OVNIS, extraterrestres, almas, espíritus, nuestro propio yo, todos en la búsqueda de un nuevo amanecer.

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9

El movimiento de la sinergia en la confluencia de mundos

Plasma el movimiento de la sinergia en la confluencia de mundos, en composiciones expresionistas abstractas, en las que predominan colores contrastados, monocromos o bien nutridos de diferentes tonos, buscando expresarse con naturalidad, de forma directa, con desprendimiento, de manera alegórica, sutil y sensible, envolviendo la fortaleza de la vida más allá de la misma en la propia dinámica de lo sutil. Lo evidente es aquello que está dotado de movimiento, que captamos con determinación, porque lo que existe es lo que está, es por sí mismo, conformado con la energía del espíritu y la fuerza emblemática de la propia catarsis.

Expresionista directo, desarrolla composiciones marcadas por el gesto, predominando insinuantes curvas en el espacio, gestualidades que comunican laberintos, que retratan caras, cuerpos, seres humanos y animales, que poseen la apariencia física, pero solo de manera evanescente. El cuerpo ya no es materia, es energía vibracional, dotada de cromatismos.

Exhibe mundos abstractos expresivos, gestos sobre gestos, colores de tonos oscuros, dinámicos, que confluyen en la confluencia de mundos. Cada mundo es distinto, pero no se diferencian, solo en que expresan energías y vibraciones que no captamos.

Hay una amalgama de gestos, que sube su frecuencia, que alcanza límites insondables, porque es uno detrás de otro, otro dentro de uno, los más, en la dinámica de los espacios propios, nutridos, surgidos, entrecruzados, formados por atmósferas ambiguas, ambivalentes, otras más específicas, pero todas, confluyendo, sin mezclarse, aunque tocándose, penetrándose pero sin ser nada físico, enrollándose en el aire, porque no tienen límite matérico.

Representa cuerpos que son humanos, rostros que poseen la humanidad pero solo en el recuerdo, dado que se han convertido en energía pura, en transmutación de la materia en complejos estadios, formados por momentos, suma de instantes, que es el instante eterno, aquel que viaja con rapidez pero no se mueve, porque el punto fijo de referencia no existe.

Hallamos el movimiento de la sinergia en la confluencia de mundos en la mayor parte de la creación pictórica que el autor andaluz plasma con diversidad energética, con la voluntad de determinar la existencia de otras realidades. Nos comunica el efecto evidente de lo existente pero que ya se encuentra en un proceso de evanescencia matérica, con concentración espiritual y energética.

Lo importante es el todo y en el todo los únicos, los yoes, los individuos y seres de todas las galaxias, es decir el universo entero. De ahí que Roberto refleje el movimiento de la sinergia a partir de constatar la presencia de energías individuales, que son independientes las unas de las otras pero que confluyen en un mismo entorno, en el que no hay límite de espacio y tiempo. De ahí que las energías fluyan, fluctúen, cambien, se transformen, viajen a través de los vericuetos del destino universal, en busca de la trascendencia de la propia evidencia.

Existimos, luego desprendemos y somos energía, que, al transmutar, se concentra en otras dimensiones, continuando su viaje de aprendizaje con otros baremos. Por tanto es fundamental que creadores como Benítez sean consecuentes con las otras realidades para comunicar a la humanidad los hallazgos de nuevos mundos que son consecuencia de su propio destino.

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10

Alma, espíritu, trascendencia, reencuentros y vidas pasadas

El alma, el espíritu, la trascendencia y los reencuentros, las vidas pasadas y la pintura expresionista abstracta, con presencia de signos iconográficos, de Roberto Benítez.

Capta el alma, los efectos vibracionales de la misma, su presencia, sus alegorías, elipsis, metáforas, sus sentimientos y sentidos, con el espíritu de un investigador, de un ser que va más allá de las limitaciones de la imaginación. Y ello es así porque busca la trascendencia, el ir más allá de la materia, de investigar las posibilidades de otras vidas, permitiéndose reencuentros con sus yoes de aprendizaje, con sus vidas pasadas instaladas en la memoria de lo evanescente.

De repente, en su obra pictórica, aparecen retazos, hechos, energías, consideraciones que le permiten constatar su adscripción a determinados personajes históricos o no, algunos reconocidos, otros emblemáticos, dentro de un punto de vista conceptual, existencialistas y grandes hombres la mayoría, porque al viajar sin mente, solo con el alma, conecta con los mundos que el intelecto consciente no recuerda; mientras que, con ayuda del método automático, puede expresar con naturalidad, buscando la fortaleza de la propia circunstancia que nos hace trascender. De ahí que sus rostros humanos, sean el mismo, otros, la humanidad entera. Pero también hay alusiones a animales, esbozos de plantas, amalgama de seres de otros planetas, porque no existe el espacio en las otras realidades tal como lo concebimos nosotros.

Capta catárticamente la elementalidad expresiva de seres y almas que son puro gesto en la porcelana del cristal de las dimensiones situadas más allá de la imaginación.

Son reencuentros, suma de encuentros, totalidad de seres que son específicos, que constituyen la emblematicidad de la propia formulación de lo tangente. Y lo tangente es circunstancial, o bien profundo y específico, es decir variado, porque la libertad predomina.

Vidas pasadas que son seres cuyos rostros asoman, perfilan, recuerdos, a veces borrosos, pero con vibración energética, porque están ahí cuando los llaman, pero que hay que dejar que se sitúen en su plano correspondiente, porque si no rompemos los esquemas espacio-temporales e introducimos voluntades contrarias. De ahí que la verdadera riqueza del espíritu sea aquella basada en el continuo sentimiento de cambio. Un cambio que es transformación permanente, vibración lumínica, reencuentro en la elipsis, mientras las vidas pasadas forman parte de la línea continua del pasado-presente-futuro.

 

J.L. Montané

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