simbólicos,
elevando así el pensamiento abstracto a altas cotas, para luego
obtener soluciones a problemas concretos.
Es una
lástima, como otras tantas relacionadas con el tema, que los
lingüistas, pedagogos, filósofos, psicólogos y
científicos en general, permanezcan en su mayoría demasiado
indiferentes de las soberbias aplicaciones del simbolismo en cada
uno de sus campos. Pero no nos preocupemos, pues será por poco
tiempo.