uno de estos últimos está formado
por otros conjuntos
integrados perfectamente en una unidad y que son los órganos.
La unidad del órgano se compone de otros subconjuntos bien diferenciados
que son los tejidos. Estos, a su vez, se constituyen de células
con funciones interrelacionadas. Cada una de dichas células se
puede descomponer en orgánulos que, sin duda alguna, tienen entre
sí funciones específicas coordinadas en la unidad celular.
El orgánulo celular se encuentra formado de diversas macromoléculas
orgánicas y éstas de moléculas más sencillas.
Estas últimas se pueden analizar y aparecen los átomos.
Con respecto a la estructura de la unidad atómica, ya el esquema
inicial de protones, neutrones y electrones se ve completado con el
descubrimiento de otras numerosísimas partículas infratómicas.
La estructura
atómica andaba en los años 30 en el nivel de sólo
cuatro partículas elementales: protón, electrón,
neutrón y neutrino. Ya en los años sesenta se había
llegado a completar casi un centenar de partículas diferentes.
Sin embargo, un modelo con tantos elementos distintos se hacía
complejo e improbable, surgiendo la necesidad de llegar a una fórmula
sencilla: el QUARK.
Quark
es el nombre genérico de un conjunto de partículas que
conforman a las tradicionalmente consideradas como elementales. Hoy
en día, ante la proliferación de quarks y leptones,
se aviva de nuevo el interés de encontrar un sistema más
simple. Se habla de 18 quarks, 6 leptones y una decena de partículas
portadoras de las fuerzas atractivas y, a su vez, los propios quarks
se formarían a partir de pre-quarks, tal y como el átomo
se compone de protones, electrones, etc. Pero, ¿qué
existe más allá de los quarks o de sus propios componentes?...
Es difícil pensar que estas partículas sean verdaderamente
indivisibles, pues la experiencia hasta ahora nos dice lo contrario.
Ciertamente, desde la perspectiva filosófico-esotérica,
de la nada no sale nada porque, sencillamente, la nada no existe.
Es decir que, de acuerdo a la antiquísima concepción
de los conjuntos de conjuntos, ahora renovada con fuerza, estos quarks
están formados por partículas más sutiles o,
lo que es lo mismo, más finas y más poderosas energéticamente.
Antes
de continuar visualicemos las figuras 1 y 2,

que
tratan de representar simbólicamente lo que se explica.


Estamos
investigando lo que los griegos denominaron el MICROCOSMOS, es decir,
el pequeño universo, el cual se encuentra por supuesto también
plasmado en el ser humano. Volviendo al tema central, para el hermetismo
existen diferentes grados de sutilización progresiva de la
materia y la energía pues, cualquier partícula de cada
uno de esos niveles, se halla formada de partículas más
finas y pertenecientes al plano siguiente. Esto es así hasta
el infinito pero, en lo que al mundo en que vivimos se refiere, podemos
decir que nuestro universo como unidad se compone de siete planos
o esferas en los que se estructura la materia y la energía,
haciéndose cada vez más sutiles (fig. 3-A).

Pues
bien, sobre el plano material nadie tiene duda, aunque hay algunos
que dicen que es ilusorio. No es que sea ilusión, sino que
provoca ilusiones en quienes no tienen suficiente conciencia de su
individualidad. La materia es el plano de vibración más
denso, pero es el sustrato y el molde de la vida misma.
Sobre
la energía, los conocimientos de la Física y de la Química
nos comienzan a descubrir sus misterios y aplicaciones.
En cambio,
en lo que al plano o esfera mental se refiere, sólo la Tradición
da unas explicaciones satisfactorias. Así, una partícula
de energía de cualquier objeto o ser viviente está formada
por partículas mentales. Por ello, los esoteristas no piensan
que el cerebro genere pensamientos, sino que estos se forman con las
partículas mentales del correspondiente plano (mental) a la
vez que en el cerebro se produce el sustrato físico del proceso:
formación del impulso nervioso, liberación de neurotransmisores,
etc.
Igualmente,
un vaso de cristal está también formado de partículas
mentales pues, de hecho, la estructura molecular, atómica e
infratómica del vaso demuestran una inteligencia implícita
en las leyes naturales por las cuales se rigen estos niveles. No es
que el vaso sea inteligente, sino que manifiesta una organización
mental. Si no fuera así, nuestros científicos no tendrían
que estrujar sus cerebros para descifrar -que no es lo mismo que crear
o inventar- los principios físicos que gobiernan la estructura
del cristal del vaso.
Ciertamente,
los Iniciados griegos estaban en lo cierto al decir que Universo es
orden (cosmos) y no desorden (caos). Newton fue inteligente al descubrir
la ley de la gravitación universal, pero más inteligencia
demuestra la gravitación en sí misma, pues a cualquiera
de nosotros nos resultaría difícil imaginar la vida
sin ese principio. Por otro lado, con la mencionada ley de Newton
y sus derivaciones apenas hemos comenzado a conocer el hecho cósmico
de la gravedad, pues Newton sistematizó el estudio del comportamiento
externo de los cuerpos en mutua atracción, pero no las causas
que la producen. Einstein y también los cuánticos han
tratado de acercarse a este problema, pero no definitivamente ni mucho
menos. Sin embargo, la mencionada ley natural sigue actuando sin contar
con nosotros, sepamos o no a qué se deben los efectos que observamos.
En definitiva,
las leyes del plano mental gobiernan a las del plano energético
y, las de éste, a los principios que rigen la materia.
La organización
mental del universo tiene diferentes niveles de complejidad y de "inteligencia".
En los objetos "inanimados" es sólo molecular, sensitiva
en las plantas, instintiva en el animal y, racional a la vez que más
o menos consciente, en el hombre.
Pero,
¿qué provee a la mente de su organización y existencia?,
pues de algo tiene que estar formada (principio materialista). Una
partícula mental está compuesta por unidades más
finas que podríamos llamar partículas de conciencia
o partículas espirituales. Cuando hablamos de espíritu
nos referimos a la conciencia, voluntad o noción de ser y de
existir. Todo el cosmos está formado de partículas de
la conciencia, pero sólo las del hombre están en un
cierto grado de activación, variando ello según el nivel
humano de la persona de que se trate y de su mayor o menor alejamiento
del estado animal. Sólo el hombre tiene la capacidad de la
voluntad, aunque muchas veces desarrollada muy poco y en estado potencial
en su mayor parte.
En el
nivel, plano o esfera que llamamos espiritual se manifiesta la conciencia
(vertiente pasiva o receptiva) y la voluntad (facultad activa).
Es evidente
que la conciencia y la voluntad, características diferenciadoras
de lo humano, han de expandirse y perfeccionarse todavía muchísimo
en el hombre.
Entendemos
que sólo bajo la guía de la concepción de los
conjuntos de conjuntos se puede entender lo que es una emoción,
un pensamiento o un acto de voluntad. Diversas psicologías,
filosofías e ideologías materialistas se han empeñado
en concebir al hombre como una compleja computadora montada sobre
un robot cibernéticamente casi perfecto, que se limita a procesar
y a responder a los estímulos que le vienen del mundo externo.
Pensamos que, a la hora de estudiar al ser humano, demasiadas teorías
presuntamente científicas se basan en presupuestos no demostrados
pero sí acordes con la ideología de la época
o del lugar, lo cual va en contra de los propios principios de la
ciencia objetiva.
Pero
continuando con nuestro tema central, todavía hay mucho más.
Las partículas
elementales de la conciencia están formadas de lo que podríamos
llamar partículas divinas, entendiendo al Dios de las religiones
como "el conjunto de leyes por las cuales se rige el universo
visible e invisible" .Estas leyes son todas las que rigen la
vida, unas conocidas por el hombre y otras muchas no: la gravitación
universal, las del pensamiento humano, las que generaron y guían
los procesos de la vida, así como todas las que provocan que
el universo sea como es. No es el concepto de la época pasada
(era de Piscis, astrológicamente hablando), en la que se hablaba
de Dios como un ser de largas barbas sentado encima de una nube, repartiendo
justicia a diestra y siniestra; pero tampoco es exactamente la idea
de los filósofos panteístas (pan=todo; teos=Dios) pues,
aun cuando esta doctrina dice que todo es Dios, el asunto está
en saber cómo está o como ES en todo, aparte de que
habría que hacer mención a la fracción del todo
que el hombre no percibe (mundo oculto). Aquí se trata de comprender
que existe un Plan Cósmico Universal, un Gran Todo, una esencia
sublime de la vida, una energía universal o como nos de la
gana llamarlo.
"Lo
divino (las leyes) a través de la forma humana comienza a conocerse
a sí mismo" y "lo divino es infinitamente sabio e
infinitamente ignorante". Es por eso que, a través del
ser humano, la esencia de la vida toma forma consciente y tanto más
cuanto mayor sea el nivel de comprensión de la existencia que
tiene el individuo. Por ello, es infinitamente sabio porque al estudiar
sus leyes se conocen los secretos de su existencia y es infinitamente
ignorante porque, por mucho tiempo que pase, siempre se irá
conociendo más y más a sí mismo. Y para terminar
con lo que es la explicación de la figura 3-A, citaremos otra
enseñanza: "lo divino a través de sus leyes se
encuentra encadenado". Esto quiere decir que las grandes leyes
están bajo la tutela de otras de mayor orden y así sucesivamente.
Por supuesto que al decir encadenado se refiere a que tales principios
de la vida forman cadenas perfectamente eslabonadas, con lo cual nada
actúa al azar o por capricho. Por todo ello, para completar
el ciclo unitario del siete, podríamos llamar a los dos siguientes
niveles de manifestación el Supra-divino y el Absoluto.
La ley
de los conjuntos de conjuntos también se expresa en el macrocosmos
(mundo externo al hombre) y no sólo en el microcosmos (ser
interno o mundo de lo pequeño).
El individuo
humano forma parte de una célula (la familiar) dentro de la
sociedad, aparte de su tendencia comprobada a asociarse en clubs,
grupos de trabajo, etc. Los conjuntos de conjuntos van adquiriendo
una jerarquía superior a través de las asociaciones
de vecinos, los barrios, los distritos, las ciudades, los pueblos,
los estados, las regiones, los países, las asociaciones internacionales,
los continentes y, por último, la unidad que el planeta Tierra
conforma.
Igual
que existen disonancias, roces y desequilibrios -así como armonías-
entre los diferentes niveles internos del hombre, también los
hay entre los conjuntos de conjuntos del macrocosmos. Pero, según
vamos escalando en la pirámide evolutiva de la conciencia,
la coherencia va siendo mayor en todos los aspectos de la vida.
De todos
los niveles mencionados del macrocosmos (familia, ciudad, etc.) recibimos
fuerzas evolutivas e involutivas. Continuando hacia lo infinitamente
grande, la Tierra forma parte de un conjunto mayor al cual se encuentra
atada. Como una cascada, la energía circula desde los astros
pasando por los diferentes niveles del macro, llega a nosotros y entonces
penetra en el micro. Aparte, el microcosmos también genera
sus propias energías, las cuales pueden buscar el equilibrio
o el enfrentamiento con las fuerzas macrocósmicas. El sistema
solar, a su vez, forma parte de una galaxia -la Vía Láctea-
alrededor de cuyo centro gira en doscientos veinte millones de años,
ciclo en el cual se pueden basar los estudios de la Cosmogeología.
Nuestra
Vía Láctea se integra, simultáneamente, en un
conglomerado o grupo de galaxias llamado Grupo Local. Pero ya se conocen
superconglomerados de galaxias y, de acuerdo a la enseñanza
esotérica, el cosmos es infinito hacia arriba e infinito hacia
abajo.
