más
cómodo
para los átomos hubiera sido quedarse como estaban. Pero ninguno
de estos grandes temas se encuentra mínimamente explicado, pues
aunque se conocieran los supuestos pasos de cada uno de estos procesos,
ello no sería de por sí suficiente. Tenemos que conocer
las causas, y hasta podríamos decir el porqué.
Si a
una hormiga le mojáramos una patita en tinta china y la dejáramos
caminar sobre un largo papel, quizás pudiera escribir Don Quijote
de la Mancha, sobre todo si arrastrase la patita y fuera una hormiga
estilográfica. Esto parecería más probable que
el hecho de que la evolución de la vida hasta llegar al hombre
haya sido una casualidad.
Siempre
en estos casos se habla de Darwin y de la selección natural
pero podemos preguntarnos varias cosas: ¿el soberbio sistema
de transmisión hereditaria de la información -que apenas
se comienza a conocer- se formó también por selección
natural?. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?.
Todo
se quiere explicar mediante una competición por recursos escasos
y la supervivencia de los individuos mejor adaptados, que serían
los que luego se reproducirían. Pero, ¿quién
puede imaginar a una molécula compitiendo por algo si ella
no tiene mayores necesidades? o, ¿quién es capaz de
explicar cómo se generó la primera reproducción
celular para que el mecanismo de la selección natural comenzara
a funcionar?. Concluimos que las explicaciones materialistas actuales
son insuficientes.
Todas
estas grandes incógnitas deberían de producir una mayor
humildad y respeto del hombre ante la vida que le rodea pero, muchas
veces, sucede lo contrario: el ser humano es un engreído de
lo que él ni siquiera sabe cómo se ha generado ni por
qué. Entonces el orgullo le puede hacer estallar como a una
supernova.
No podemos
reflexionar y quedarnos pasivos pensando que han sido casualidades
las que han hecho que unos seres vivos en la escala de la evolución
se hayan quedado en cebollas, otros en sapos, otros en elefantes y
unos pocos en mujeres y hombres. ¿Era necesaria semejante colección
de disfraces de carnaval para adaptarse al ambiente?.
¿Se
puede explicar mediante la selección natural la perfectísima
visión humana, que es tridimensional? o, ¿es que sólo
con que una especie en evolución necesitara algo en un momento
de su historia, ese algo aparecía como por arte de magia (las
llamadas mutaciones genéticas espontáneas en las teorías
de la evolución de las especies)?. No son suficientes unos
cuantos cientos de miles de mutaciones o variaciones espontáneas
en el material genético para provocar azarosamente vista tridimensional,
por ejemplo. Así, si las mutaciones o cambios en los genes
son procesos fortuitos y sin un patrón que los guíe
hacia formas más perfectas, ¿cómo de los errores
de la naturaleza van a surgir aciertos geniales?. La casualidad es
una superstición más de las tantas que hoy siguen existiendo
en el llamado mundo moderno.
Lo cierto
es que el ser humano existe desde hace decenas de miles de años,
como también es verdad que la mayor parte de las veces no sabe
quién es, de dónde viene y hacia dónde va. También
se observa que el hombre no pocas veces lucha por mejorarse y por
mejorar el mundo que le rodea pero, quizás, lo más importante
sea el hecho de que la raza humana a la vista tiene infinidad de defectos
que corregir. Tal vez no haya que imaginar al hombre del futuro como
un ser frío, y con la frente abultada por su enorme cerebro,
sino como un ser feliz, sin complejos y en armonía con las
leyes de la vida. La evolución continúa en niveles físicos,
psíquicos, mentales y de la voluntad, a pesar de que los vicios
que enferman al organismo psicofísico (mala alimentación,
alcohol, tabaco y drogas), amenazan con atacar sin tregua a una parte
de la humanidad durante varias generaciones más.
El primer
reino (mineral) se manifiesta sólo en el nivel de la materia
y la energía.
El segundo
reino (vegetal) ya muestra ciertas propiedades astrales o sensibles:
al Sol, a la humedad, al tacto humano, a las estaciones, etc.
El tercer
reino (animal) comienza a poner en acción cualidades mentales:
percepción sensorial del mundo externo, inteligencia instintiva,
solución de pequeños problemas en los animales más
evolucionados, etc.
El cuarto
reino (humano) comienza a desplegar y a afianzar la voluntad, a la
vez que la conciencia de sí mismo y en relación al mundo
externo. Igual que en el resto de los reinos, en el humano existen
diferentes niveles de conciencia o de perfeccionamiento.
Pero
lo menos conocido es la existencia del Quinto Reino Universal, el
Hijo del Hombre, el hombre de nueva levadura (Nostradamus), el superhombre
(o supermujer), que poco a poco comienza a desarrollarse. Este se
caracteriza, entre otras cosas, por la posesión de dos nuevos
sentidos: la intuición y la clarividencia.