través
de los planos astral y mental
teniendo, de ese modo, una repercusión directa en todos los
fenómenos físicos. Se basa en el principio de que cualquier
fenómeno físico tiene su correspondencia con la dimensión
astral-mental, pero no todo movimiento o vibración de las partículas
astrales y mentales tiene forzosamente que manifestarse o dejarse
traslucir como un fenómeno físico. Son, por tanto, los
planos superiores de manifestación los que rigen a los inferiores.
La materia es espíritu densificado y el espíritu es
materia sutil. La Astrología constituye una Fisiología
planetaria.
La ASTROSOFIA
(sabiduría de los astros) es la vertiente de la Cosmobiología
en la cual se hace la interpretación astrológica desde
la perspectiva mental, espiritual y evolutiva. Esta ciencia de Iniciados
estudia al ser humano desde el ángulo de su nivel de conciencia.
Así,
es posible captar la ESENCIA de la individualidad, al igual que de
las experiencias que la vida presenta al individuo como ser irrepetido
e irrepetible de la Creación.
Escrutando
esas complejas relaciones entre el ser y su ambiente, el astrósofo
combina sintéticamente los factores del horóscopo, dando
a la persona las claves que necesita para avanzar conscientemente
por el camino más corto y adecuado de los que en su vida se
le presentan. Sólo de ese modo se puede pasar de una Astrología
meramente descriptiva a otra viva, práctica, aplicada y útil
al ser humano en las circunstancias y estados internos que vive en
cada momento.
Aparte
de todo esto, la Astrosofía comprende también la parte
profunda de la Astrología. Un ejemplo de ello es el que se
refiere a la consideración del planeta Tierra como un ser con
vida. Como muchas de las enseñanzas esotéricas verdaderas,
ésta también supone un concepto revolucionario, o mejor,
evolucionario.
Para
la doctrina hermética, la materia que se denomina inerte no
es tal, sino lo que ocurre es que un elemento mineral está
menos vivo que un ser vegetal. La roca o el cristal posee una vida
atómica y, en ocasiones, molecular, representada por las vertiginosas
velocidades que los electrones poseen en sus rotaciones alrededor
del núcleo del átomo. Por otra parte, las sustancias
del reino mineral tienen afinidades y desafinidades unas con otras,
lo cual hace que se produzcan reacciones entre muchas de ellas. De
ese modo la disposición atómica y molecular varía
y alcanza mayor grado de estabilidad, o bien, de inestabilidad.
En el
caso de la Tierra sucede exactamente igual, pero en un orden mayor.
"Nada ni nadie da de lo que no tiene". Y si la Tierra da
vida, no puede estar muerta. Pero además y, de acuerdo a los
conceptos ya explicados, la Tierra se encuentra constituida en su
conformación íntima o sutil por partículas astrales
las cuales, a su vez, están compuestas por partículas
mentales. Es decir, nuestro querido planeta posee un cuerpo psíquico,
astral o emocional y otro mental.
Por supuesto
que estos cuerpos no tienen un movimiento o vida propia, pues la Tierra
pertenece al primer reino (mineral) y, por tanto, no ha desarrollado
sensibilidad (vegetal), ni facultades inteligentes (animal), ni voluntad
propia (hombre). Lo que sí ocurre es que el cuerpo psíquico-mental
de la Tierra se impregna de las emociones y pensamientos de cada uno
de los hombres que viven en ella. Cada ser humano emite sus emociones
en el espacio astral terrestre y lanza sus pensamientos a la dimensión
mental de nuestro planeta.
Con frecuencia
se habla de poder de la mente, pero no se conoce el mecanismo oculto
por el cual el pensamiento puede mover a la materia. De forma sintética,
ya se ha comenzado a explicar en las precedentes secciones el funcionamiento
coordinado de los planos físico, astral y mental. En el caso
concreto de la Tierra se puede decir que el "cerebro" de
nuestro planeta está formado por las células piramidales
que son cada una de las mentes humanas. Por tanto, si esas neuronas
individuales (mentes humanas) están enfermas, el organismo
total adolece de un mal más o menos localizado o extendido.
Como
todo órgano o tejido vivo, el "cerebro planetario"
pone en acción en esos casos sus sistemas inmunitarios o de
defensa y, con frecuencia, contra las propias células malignas
de sí mismo pues, si no, el conjunto celular todo termina por
morir. La violencia, la guerra, la ignorancia, las pasiones humanas,
las envidias, la maldad, etc. llegan a ser tan fuertes en ciertos
lugares y momentos históricos que, tales "secreciones
psíquicas y mentales", se acumulan en los planos sutiles
hasta límites insoportables para la corriente evolutiva cósmica,
que tiende a espiritualizar la materia. Entonces, esa fortísima
energía maligna se condensa y se manifiesta en forma de lo
que llamamos catástrofes o cataclismos: terremotos, incendios,
ciclones, erupciones volcánicas, accidentes aéreos,
etc. Es decir, un terremoto, aparte de que se pueda deber al roce
de dos capas tectónicas en lo que al plano físico se
refiere, en el aspecto psíquico y mental se origina por causa
de que el hombre ha generado, consciente o inconscientemente, pensamientos
de odio, los cuales "rebotan" de los planos superiores a
los inferiores como circunstancias que generan temor y sufrimiento.
Y así
sucede con las guerras, los azotes climatológicos, etc. Pero
dirán, ¿qué tiene que ver esta misteriosa hipótesis
con el hecho de que a un avión se le afloje un tornillo y se
precipite en el océano?. Si hiciéramos un estudio cosmobiológico
de los horóscopos de todos los pasajeros, observaríamos
que en todos ellos existen factores simbólicos inequívocos
acerca de su tipo de muerte.
Y, si
interpretáramos la carta natal del despistado que llegó
tarde al aeropuerto y no se subió al avión, comprobaríamos
también que en ella habría elementos protectores respecto
a los accidentes. Es evidente que el estudio cosmobiológico
cambia totalmente el concepto que tenemos acerca de estos fenómenos.
En el ejemplo citado, no tendríamos otra alternativa que pensar
que los pasajeros del avión se vieron unidos en una trágica
circunstancia, no por casualidad, sino por causa de su KARMA DESARMONICO
acumulado, bien sea en esa vida o en anteriores. Lo mismo exactamente
sucede con los seres humanos que sufren guerras o penurias como grupo
social, pues el KARMA COLECTIVO se compone de la suma de los KARMAS
INDIVIDUALES.
Ahora
se puede ir entendiendo cómo las justicias e injusticias humanas
son sencillamente Justicia desde la perspectiva divina o de las Leyes
Supremas. Hasta la más mínima hoja de un árbol
que se mueve en este mundo obedece a principios perfectamente jerarquizados.
Pero esto no debe llevar a una pasividad santurrona y orientalista
exagerada sino, todo lo contrario, debe servir para entender que el
hombre puede ser causa consciente de sus propios actos.
El término
Karma, manifestación en los planos superiores de la ley de
acción-reacción en lo físico, no se refiere únicamente
a las cadenas causa-efecto desarmónicas sino, también,
a las beneficiosas. "El destino que hoy nos amenaza o nos agobia
es la consecuencia de nuestros errores anteriores. Lo mejor es superar
tales energías y experiencias de la manera más educada
posible".
Mis pretensiones
a la hora de expresar estos pensamientos son sólo dos: la primera
es motivar a muchas personas que se interrogan sin cesar acerca del
significado de la vida, para que resuelvan sus preguntas por sí
mismas realizando una síntesis teórica y práctica
de los principios más importantes del saber humano: filosofía,
ciencia, arte, esoterismo, etc. pues, la verdad, es sólo una
aunque múltiple; y la segunda intención es dar puntos
de opinión a los que no se tiene acceso a través de
la educación exotérica corriente.
Volviendo
al tema central, toda la trayectoria de la humanidad y de todo ser
humano en particular sigue un rumbo evolutivo pues, los aparentes
retrocesos, sólo son el trampolín de la experiencia
acumulada para saltar hacia estados de conciencia superior. El saber
que todo está ordenado bajo principios universales no significa
que se haya de permanecer impasible ante los múltiples males
que padece la humanidad; sino que, justamente lo contrario, ha de
ser la base de cada hombre y mujer para actuar como eslabones generadores
en el espléndido desarrollo de la vida y la conciencia, bajo
la regencia del Plan Cósmico.
Actuar,
pensar y vivir de acuerdo a tales mandatos universales no puede producir
en el ser humano más que plena felicidad, poder espiritual
y mayor conciencia, que es lo único que ansía el verdadero
espiritualista (el oro de la conciencia). Las opresiones, enfermedades,
dictaduras y angustias que sufren los pueblos, desaparecerán
gradualmente para dar lugar a lo que se ha dado en llamar la Edad
de Oro de la humanidad (Aquarius), comenzada en 1948 y que se prolongará
por espacio de dos mil quinientos años. Ahora estamos en una
época transitoria en la cual se necesitan, más que nunca,
personas rectas, sabias y conscientes, que no cedan a las falsas delicias
de la violencia, al poder animalizado, al dinero conseguido por trampas
o a las uniones sexuales sólo pasionales.
Entiendo
que, después de lo expuesto, no será difícil
comprender por qué seguir el camino del equilibrio y del servicio
desinteresado no es una santurronería, sino una "inversión
con altos intereses" materiales y espirituales. El que domina
el espíritu, evidentemente, también tiene poder sobre
la materia.
La ARQUEOMETRIA
es el summum del conocimiento humano, es decir, constituye la perfecta
síntesis de la ciencia, la filosofía, el arte y, hasta
la religión, en su verdadero sentido de la palabra (religare,
re-ligar, re-unir), entendida como un estudio de lo divino más
allá de las sectas o religiones exclusivistas.
Todas
las religiones tienen exactamente las mismas bases y principios, pues
estos no son otros que algunos (no todos) de los pertenecientes a
la Tradición Iniciática. Hoy, en cambio, de acuerdo
a los principios caducos de la era de Piscis (finalizada en 1948),
algunas religiones, en no pocas ocasiones, no sirven para religar
sino para re-dividir o re-separar.
Las principales
interpretaciones de lo divino: budista, cristiana, hebraica, mahometana
e hindú, se dividen y subdividen a su vez en ramas y subramas,
siendo miles los grupos que pretenden el monopolio de la verdad y
la salvación. Hoy lo más acorde a la tónica de
la era en que vivimos es conocer, como mínimo, las bases de
las religiones principales y, mejor que mejor, estudiar religiones
comparadas a la luz de la enseñanza esotérica o, aun,
arqueométrica.
La Tradición
no pretende ir en contra de ningún culto ni decir a nadie que
abandone su religión y, ni siquiera, al que no cree en ninguna,
intentar persuadirle de que pertenezca a alguna en especial. Todas
las religiones son caminos válidos para llegar a la verdad,
siempre que sus postulados originales sean practicados y no queden
sólo en fríos cumplimientos rituales que se realizan
sin conocer su verdadero sentido. Esto es así porque todas
las religiones se basan (en su esencia original) en las enseñanzas
de los Altos Maestros que, por supuesto, cumplieron con las consignas
de los Colegios Iniciáticos; Buda, Mahoma, Jhesú, Lao-Tsé,
Quetzalcoatl, Zoroastro, etc.
Arqueometría
significa "medida antigua" y es, en efecto, el sistema en
el cual los antiguos se basaron para crear su arte, su ciencia, su
filosofía y su religión. Se encuentra basada en gran
parte en la matemática esotérica o numerología.
Los sistemas
esotéricos pueden estar basados en diferentes números:
*** 0:
Representación de la unidad o absoluto inmanifestado. Es decir,
la propia idea de infinidad excluye que todo lo que existe pueda ser
conocido a la vez.
*** 1:
Absoluto manifestado. Es la parte del universo que en nuestro nivel
evolutivo podemos comenzar a descubrir.
*** 2:
Simboliza la dualidad universal o la ley de relatividad.
*** 3:
Está representado por la Tri-unidad o Trinidad Cósmica,
concepto que está más allá de las consideraciones
teológicas corrientes y que se explica en un posterior apartado.
*** 4:
Se conecta con los cuatro elementos de la física antigua: fuego
(voluntad), aire (mente), agua (sentimiento) y tierra (materia). Cuando
se hable de la clasificación de los signos zodiacales se detallará
más su estudio.
*** 5:
A los cuatro elementos se les añade un quinto elemento o quinta
esencia: el éter o aéther, síntesis de los cuatro
básicos ya citados. La estrella de cinco puntas (fig. 5-A)
ilustra el simbolismo de este número. Representa al hombre
perfecto.

*** 6:
La Estrella de David o Sello de Salomón (fig. 44) representa
el equilibrio entre lo espiritual y lo material o entre el macrocosmos
y el microcosmos simbolizados, respectivamente, por el triángulo
con la punta hacia arriba y por el que tiene la punta hacia abajo.
El seis (sex, sexo), explica la unión de dos seres (hombre
y mujer) en sus tres niveles (físico, astral y divino): 2 x
3 = 6.
***
7: Representa la suma de la triunidad (3) y de los cuatro elementos.
El siete, además, simboliza un ciclo cerrado: siete notas musicales,
siete colores, siete glándulas endocrinas principales, etc.,
tal como se verá al explicar la figura 11.
***
8: Es la multiplicación de los cuatro elementos por dos, indicando
que tales principios se manifiestan en el plano físico y en
los superiores, en el microcosmos y en el macrocosmos, etc. Enseña
que es posible comprender los elementos ocultos partiendo de los visibles.
*** 9:
Se relaciona con el nacimiento después de los nueve meses de
gestación. Representa también el sexo (6) idealizado
(3): 6 x 3 = 9.
*** 10:
Representa la unidad dentro de la multiplicidad, es decir, que todo
está en el Todo o que el Todo está en todo. Del inagotable
absoluto inmanifestado (0) surge la unidad manifestada (1). Por reducción,
1+0=1.
*** 11:
De nuevo representa a la dualidad, pues ya hay dos unidades o, lo
que es lo mismo, una dualidad. Reduciendo 1 + 1 = 2.
*** 12:
Es la manifestación de la trinidad en los doce sectores zodiacales.
Por reducción 1+2=3.(trinidad). Además, representa la
existencia de los cuatro elementos (fuego, tierra, aire y agua) en
los tres planos principales de manifestación: 3 x 4 = 12 .
Por otro lado, simboliza la culminación (7) del hombre perfecto
(5) a través de las divinas lecciones pedagógicas que
le impone el zodíaco: 7 + 5 = 12 signos zodiacales.
*** 13:
Citamos ya el último para que se vea que las supersticiones
acerca de los números son sólo una degeneración
de la Numerología Tradicional, sin la cual no es posible comprender
en esencia los libros que se confeccionan de acuerdo a la matemática
divina: Biblia, Bhagavad-Gita, etc.
El 13
es la suma del 12 + el 1. Representa al zodíaco y al Sol o,
también, a los doce apóstoles (discípulos avanzados)
y el Cristo (fuente de sabiduría). A su vez, nos habla de la
culminación (7) de la unión entre el hombre y el universo
o, entre el microcosmos y el macrocosmos, simbolizada por el número
6: 7 + 6 = 13. Un ejemplo de Arqueometría moderna es el espectroscopio,
que divide a la luz proveniente de los astros en sus siete colores
originales.
A través
de correspondencias comprobadas entre las bandas que surgen en los
colores del espectro, las longitudes de las ondas cromáticas,
la absorción de los diferentes elementos, etc. es posible saber,
a partir de la descomposición de la luz de una estrella, importantes
datos astronómicos. Es por ello que en el esoterismo no hay
casualidades sino leyes precisas que rigen todos y, absolutamente
todos, los fenómenos visibles e invisibles.
El profundo
y preclaro esoterista francés Saint Yves D'Alveydre explica
en su libro el "Arqueómetro" cómo los antiguos
sintetizaron y conectaron entre sí los números, los
colores, los planetas, las Mitologías, las notas musicales,
los alfabetos tradicionales, las medidas arquitectónicas, etc.,
en lo que se podría denominar algo así como un "sistema
informático universal." De acuerdo a esta ciencia de las
ciencias, un capítulo de un libro (sagrado o secreto), como
la Biblia, el Korán, el Talmud, el Tao-Te- King, el Popol-Vuh,
el Bhagavad-Gita, etc., o cualquier párrafo escrito que tenga
algún mensaje, se puede transformar, representando lo mismo,
en una composición musical, una pintura con colores, una obra
arquitectónica, una estatua, una serie de números, una
combinación concreta de posiciones astrológicas, un
razonamiento filosófico y otras muchas cosas más.
La Arqueometría
es, por tanto, la superciencia que da orden y conexión (cosmos)
a lo que aparentemente no tiene relación o a lo que ya estaba
conectado entre sí pero sin saberse por qué. Todas las
ciencias, artes y filosofías llegarán algún día
a encontrar el único tronco de la verdad infinita. Nuestros
antecesores levantaron sus obras artísticas y arquitectónicas
de acuerdo a estos conceptos.
Así,
por ejemplo, la Esfinge de Gizeh (fig. 6) se hizo como un símbolo
de las cuatro constelaciones fijas e Iniciáticas del zodíaco.
Estas, por dar cualidades de fijeza y perpetuidad, representan a la
Iniciación en sí, que no cambia, aunque sí se
perfecciona. La esfinge poseía cuerpo de toro (Taurus), garras
de león (Leo), cabeza de hombre o de ángel (Aquarius)
y alas de águila (Scorpius- Aquila).

Ganímedes
o Aquarius está representado por un hombre maduro y, a la constelación
de Scorpius, se le dio también el nombre de Aguila, representando
la transmutación de los instintos (el escorpión) en
ideales (el águila), capaces de volar por las alturas celestes
de la realización. OSAR (Leo), QUERER (Taurus), SABER (Aquarius)
y CALLAR (Scorpius) son las cuatro actitudes psicológicas que
ha de desarrollar el candidato a la Iniciación y el propio
Iniciado.
El Antiguo
Testamento, por sólo citar un ejemplo de la cultura occidental
europea, se encuentra lleno de citas acerca de estos cuatro seres
zodiacales. Además, el arte cristiano recogió este simbolismo
en las representaciones que se hicieron sobre los cuatro Evangelistas:
Marcos, colocado junto a un león; Lucas, con un toro; Mateo,
con un ángel; y, por último, Juan, con un águila
(fig. 7).

Otro
ejemplo de Arqueometría es el del gráfico Nº 8-A,
en el que se observa cómo la suma de las siete notas musicales
y de los cinco semitonos (12 vibraciones en total) forman un ciclo
unitario en correspondencia con los doce signos zodiacales. Aparte,
los cinco semitonos tienen analogía con los cinco elementos
(tierra, fuego, aire, agua y aéther). La Arqueometría
en el futuro se aplicará en todas las ciencias. En el arte,
sus ventajas serán infinitas.

Si
quisiéramos crear una ópera arqueométrica,
acudiríamos a esta técnica para coordinar perfectamente
la clave musical, el tipo de vestimentas, el color de las luces,
los decorados, la letra, los tonos de las voces, etc. y hacer una
obra de arte de acuerdo a los principios universales. Las aplicaciones
en la Arquitectura harán que las futuras construcciones y
el urbanismo de las ciudades se piensen y lleven a la práctica
en armonía con las leyes universales, creando así
el preciado efecto psicológico del equilibrio entre el hombre
y el cosmos. Será algo así como una Cosmoecología.
En
la medicina también será valiosísima esta ciencia,
estableciendo las correspondencias precisas entre síntomas
externos, diagnósticos iridiológico, quirológico,
cosmobiológico, genético, ultrasónico, por
ondas, etc.; terapia por fármacos, Homeopatía, alimentos,
sonidos, plantas medicinales, Acupuntura, Yoga, terapias naturales,(agua,
aire, tierra y sol), etc. "Un poco de ciencia aleja del Principio
Unico (aparentemente) y, un poco más de ella, acerca más
a esa unidad."