difícil
de imaginar. A esto se le añade que la memoria es voluntaria
en muchos de sus procesos y que, en otros, es inconsciente. Además,
somos capaces de evocar cuando queremos sonidos, colores, caras, escenas
complejas, grafismos, etc. que, aunque no se ven como en la televisión
en color, resultan un sutil sistema de imágenes mentales.

Habría
que explicar en general sobre la mente cómo se puede transformar
la variadísima información exterior en un impulso eléctrico,
cómo es capaz éste de transmitir toda esa información
bien diferenciada, cómo esos datos se combinan con otros, cómo
se almacenan, de qué forma se genera la información
creada por uno mismo (pensamiento), qué es la inteligencia,
en qué consiste el acto de la voluntad, qué es la conciencia,
qué es el sentimiento, cómo podemos definir el equilibrio
o desequilibrio mental, qué es la personalidad humana, etc.
Aquí
me declararía un materialista acérrimo porque me gustaría
que sólo unas pocas de estas cosas estuvieran explicadas de
acuerdo a los principios bioquímicos, genéticos, histológicos,
fisiológicos, anatómicos, neurológicos, biofísicos,
etc. pero, para nuestro pesar, ni uno de estos interrogantes está
mínimamente resuelto. Es decir que, el gran desconocido, sigue
siendo el hombre. Por tanto, el decir que el ser humano no tiene alma
ni espíritu o, por el contrario, decir que sí los posee,
son dos afirmaciones que, como mínimo, tienen la misma probabilidad
de ser ciertas.
El esoterismo,
en concreto, estima que para explicar estas cuestiones se va a tener
que recurrir, desde el propio ángulo científico, a la
existencia de un cuerpo del plano astral que, por superar las dimensiones
físicas, sea capaz de amplificar la información sensorial
hasta la infinita gama de matices que poseen las emociones y los pensamientos
humanos.
La materia
incluye tres dimensiones espaciales (altura, anchura y profundidad)
y una temporal (fig. 9). Las energías conocidas hasta hoy aumentan
las dimensiones del plano energético a muchas más: intensidad,
fuerza, gravedad, calor, resistencia, campo, etc. No es difícil
pensar que los sentimientos de tristeza, alegría, esperanza-desesperanza,
envidia-generosidad, amor- odio, etc. necesitan una enorme cantidad
de dimensiones más para tomar existencia. Y, no digamos ya,
para todos los pensamientos posibles que puedan generarse.

La
existencia del inconsciente es un hecho pues, si toda la información
que tenemos almacenada se nos hiciera consciente en un mismo instante,
de seguro que enloqueceríamos. En lo que no se está
muy de acuerdo, más que nada por las dificultades que entraña
el estudiarlo, es en el tipo de influencia que tiene tal almacén
sobre el comportamiento humano. De todos modos, el sentido común
también nos dice que un instante de conciencia colocado sobre
una enorme cantidad de experiencias subconscientes, ha de verse de
alguna manera influenciado por estas últimas pues, en realidad,
el yo consciente acude continuamente a la información registrada
para la confección de sus pensamientos y pautas de conducta.
Desde la perspectiva filosófica e introspectiva no es difícil
llegar a parecidas conclusiones.
Mas,
la escuela hermética de pensamiento, aporta un nuevo punto
muy poco conocido y, éste, se refiere a la existencia de un
supraconsciente, que no comienza a manifestarse hasta que el ser humano
decide seguir el Sendero de su propio autoperfeccionamiento individual.
En la base del proceso esotérico-Iniciático se encuentra
el hecho de que la evolución de la conciencia no ha terminado
ni terminará nunca jamás, siendo éste el motivo
esencial por el cual el universo y la vida son y están. Los
niveles de conciencia humana se gradúan desde lo animal- intelectual
hasta lo intelectual-intuitivo; y, por encima de lo humano, pero dentro
de lo natural, está el nivel de conciencia suprahumano o del
Hijo del Hombre.
Tal proceso
hacia el cual va dirigida la humanidad, se puede cumplir más
por las buenas que por las malas, o al revés. La naturaleza
no se anda con tonterías para cumplir su misión pues,
ella, tiene elementos suficientes a su disposición.