
DENOMINACIONES.
La denominación más frecuente de este Arcano es "el Carro". Damos una mayor aproximación a su esencia y significado de raíz si establecemos tres niveles en su influencia: el HEROE CONQUISTADOR, EL LUCHADOR Y EL AGRESIVO.
No usamos en el Taro Cosmopsicológico la denominación "el Carro", ya que se refiere al nombre de un objeto más que a un atributo esencial, el cual en cualquier caso se haya inscrito en la propia lámina como recordatorio en forma de dibujo. Preferimos, por tanto, centrar las tres palabras-clave básicas en el personaje central de esta lámina, es decir, el que conduce el Carro.
En los tres casos (el Héroe, el Luchador y el Agresivo) existe un enorme dinamismo y energía intensa que se proyecta hacia delante con ímpetu y sin amedrentamiento. Este Arcano expresa la idea de lucha y batalla, pudiendo ser esto, en diferentes planos, desde lo espiritual-elevado hasta lo material-mezquino.
Todo lo que representa arrojo para afrontar un riesgo y las dotes necesarias en aquellas situaciones delicadamente peligrosas, están bajo este Arcano. El control de las energías externas a partir de una fuerte disciplina interna, es fundamental para que el carro no se desvíe de la ruta ni vuelque en una desajustada maniobra. Por eso en ocasiones este Arcano es denominado "el Triunfo". Ello abarca la victoria espiritual conseguida después de mil y un sacrificios que conducen, tras un desierto que se ha cruzado, al lugar llamado Tierra Prometida.
Sin embargo, igualmente el Arcano 7 representa la violencia para conseguir objetivos de ambición personal, no importando el daño que se pueda causar a otros, sino sencillamente vencer al enemigo para someterlo y apartarlo como posible impedimento cara al poder que se persigue. Si es necesario arrollarlo todo al paso, ningún principio moral va a impedir que se ejecute el imperativo del instinto animalizado interior.
RELACION COSMOPSICOLOGICA.
Las analogías del Arcano 7 es, desde el ángulo del Taro Cosmopsicológico, por analogía esencial Arcano-signo, con el Carnero. Normalmente se atribuye la relación del Arcano 7 con el signo del Cangrejo, pero pienso que el lector y estudiante a esta altura comprenderá por qué esta opción (Arcano 7-Cangrejo) es tan forzada e incongruente.
Los autores que defienden esta 2º opción suelen argüir explicaciones en el sentido de que el carro representa lo material, o colocando dos lunas sobre los hombros del guerrero, para luego decir que éstas indican la personalidad externa o superficial (la Luna, regente del Cangrejo). En cualquier caso, por mucho que se quiera hilvanar esa versión, a la vista salta que no hay una congruencia ni racional ni intuitiva entre el recio guerrero y el muy hogareño y sensible signo del Cangrejo.
Ahora seguramente será más fácil entender la asimilación que en el Taro Cosmopsicológico hacemos entre el Arcano 4 (Emperador) y el signo del Toro. La idea del gobernante que gobierna y mantiene un imperio o reinado (signo del Toro) es muy diferente a la contextura de aquél que se lanza a la conquista de lo indómito, lo difícil o lo inexpugnable. Por ello, el Arcano 7 (el Héroe Conquistador) es el que forja las victorias y los logros con la firmeza de su brazo, el ardor de su corazón y la claridad de su mente. No gusta de situaciones cómodas ni estabilizadas, sino que ansía nuevos terrenos donde todo esté salvaje para comenzar de nuevo, con todos los ingredientes de la aventura, a forjar el hierro a golpe de yunque y martillo. Por ello, la intuición analógica queda satisfecha al considerar al signo zodiacal del Carnero como regente del Arcano 7.
Este signo es el de los líderes natos que arrastran y tiran hacia delante con fuerza, el de los militares que se enfrentan con energía al enemigo, el de los sujetos competitivos que persiguen logros y victoriosos resultados con osadía, el de los personajes agresivos que se lanzan a su próxima escena con suficiente odio, y el de los guías espirituales que conducen con soberbia intuición e idealismo a su pueblo al lugar correcto. Hablamos un poco ahora del HEROE CONQUISTADOR. El es el que con una enorme fortaleza interna puede conducir el Carro del Dinamismo y de la individualidad hacia el ideal que se persigue. Cómo poder mantener la cabeza bien alta, la mirada digna y las manos certeras mientras un enorme campo de batalla ruge a su alrededor, es cosa sólo de un ser entero, forjado en las experiencias, lleno de plenitud y de vida, apasionado y a la vez controlado en emociones, de ideas que sobre todo aspiran a la verdad, de impulsos guiados por lo superior, de estrategia militar que se acopla a las más dificultosas situaciones, de energías sin límites que rompen las mayores rutinas y monotonías, de vista sagaz que intuye la traición y escudriña inesperadas salidas entre los más soberanos impedimentos... y así muchas cualidades que hacen que, el Héroe Conquistador, pueda salir adelante y guiar a otros por donde ninguno se atrevería jamás a pasar.
La ley del sacrificio intenso, genuino y prometedor queda bajo la tutela de este Arcano, pues aún teniendo un temperamento fuerte que no se somete ni a tiranos ni a amenazas, es capaz de sacrificar placeres y comodidades personales cara a la victoria final; puede discernir con nitidez cuánto hay que esforzarse en cada momento y para qué, dando por supuesto que él será el primero en poner el pecho al descubierto y asumir los mayores riesgos; tiene la virtud de controlar la intensidad de la energía haciendo que ésta no se desperdicie, se desborde ni degenere en agresividad descontrolada y estéril; conserva el poder para mantenerse en su ideal a pesar de la degeneración y comportamientos bajos que tratan de detenerlo; y, además, por su autodisciplina puede dar el lugar en cualquier momento a otro que jerárquicamente esté por encima de él, obedeciendo sus orientaciones. A pesar de las afrentas, deslealtades, amenazas y zancadillas que intentan amedrentarle para refrenarle, él no duda en ningún momento que llegará al lugar acertado, lo cual no le induce nunca a confiarse y perder la integridad ni la alerta vigilante, necesaria y vital durante el combate. No dejarse abatir, no perder la calma y mantener la energía al borde de la piel, son actividades que nos introducen en la palabra-clave el LUCHADOR.
A veces manifiesta un carácter irritable pero, por el desgaste de energía y pérdida de visión que ello supone, poco a poco va entendiendo que cualquier descontrol es síntoma de debilidad ante el enemigo, lo cual si germina y crece sería fatal para él y los que dependen de lo que se trae entre manos. Ocasionalmente los dos caballos entran en lucha: uno por su lado generando cierto temor ante las apretadas circunstancias y, el otro, incitando a una rápida acción con vistas a un desenlace inmediato de la lucha, lo cual es peligroso porque ese sobresfuerzo mal encaminado y orientado sería el fin. Hay en ese caso verdadero peligro, porque los dos caballos no se ponen de acuerdo: una acción desenfrenada y con un ligero ingrediente de temor o inseguridad, es una mezcla desacertada. Pero el guía del carruaje sabe controlar esas emociones y pensamientos, haciendo que sus brazos y manos manejen con seguridad las riendas, aunando de nuevo las fuerzas en ocasiones antagónicas de los dos corceles, el uno blanco y el otro negro. Disciplinar a los dos cuadrúpedos es clave en esos precisos instantes, cuando el terreno es más escabroso y es preciso estar atento a muchas cosas a la vez, lo cual sólo puede conseguir esa mezcla entre intuición e instinto. De todo hay que estar pendiente: la velocidad, el terreno, la dirección, el uso de las armas en sincronía con el manejo del carro, la meta a lo lejos... y más. A veces todo se obscurece entre humo y odios destructores pero no se puede parar ya que, algo más allá, el Sol volverá a relucir y todo se verá claro de nuevo.
El LUCHADOR tiene un noble fin, pero tampoco se anda con chiquitas a la hora de golpear con las armas del dinamismo, la osadía, la espontaneidad y la fortaleza de propósitos. El AGRESIVO, en cambio, tiene un inflado ego que se dispara hacia fuera basándose en un instinto físico poco pulido. Los conceptos de derrotar, vencer, competir, destruir e imponer bullen continuamente en su mente.
En lo emocional, la falta de delicadeza y sensibilidad tumba cualquier tipo de relación humana cabal o armoniosa. El temperamento colérico e irritable predomina. La agresividad y la violencia son la expresión en la lucha por la supervivencia de algunas especies animales, y no todas. La ley del más fuerte, ágil o astuto marca un sometimiento o jerarquización de unos individuos o especies sobre otros, quedando sometidos los débiles y desadaptados. De ahí, la madera de dictador activo de la psicología del Agresivo.
El factor moral queda bastante de lado y ya no se puede hablar de una lucha digna, justa y caballerosa, sino de un desquite en el que todo vale para obtener la derrota y sometimiento del enemigo. Arrollar y arrasar son las funciones de un carro semidesbocado en el que, si bien puede estar guiado con firmeza hacia la meta, al mantener la dirección no se tiene en cuenta en absoluto qué o a quién se puede pisar en esta desenfrenada carrera. A golpe de látigo se aumenta la potencia ofrecida por los dos caballos y, durante los momentos álgidos de la carrera, todo el ser está unificado en torno al instinto animal. Puede que pase victorioso por debajo del arco del triunfo pero, por haber violado con su destructividad las leyes de la vida, el ego instintivo se va a ver frenado por unas leyes universales que son justas y, en ocasiones, tajantes.
Está claro que el empuje, el arrojo, la fuerza y el poder de ataque son energías considerables, pero en el universo cada energía o ley está sometida a otra de orden superior. "Quien a hierro mata, a hierro muere", dice el refrán y, también, "ojo por ojo y diente por diente". Quizás estos adagios nos hablen de las consecuencias kármicas de actos irreflexivos, tiránicos y que no respetan ni la individualidad humana ni la vida en general, a través de cualquiera de las formas de violencia. Los dos corceles no sólo indican la necesidad del equilibrio entre energías externas e internas, sino el manejo de la polaridad acción-reacción, acto-consecuencia...karma, en definitiva.
EL ARCANO 7 DEL TARO COSMOPSICOLOGICO.
En el Arcano 7 podemos visualizar un Carro en movimiento dinámico. No es un carro inmóvil ni un lento paseo triunfal recogiendo honores y flores de las multitudes. EL fornido conductor lleva con energía las dos riendas del carro, para así conjuntar y acoplar perfectamente a los dos caballos, uno blanco y otro negro, el uno claro y el otro obscuro, el primero brillante y el segundo absorbente. Los dos corceles simbolizan la ley de la polaridad manifestada en el mundo de la acción (karma significa "acción" en sánscrito) y, de ahí, el concepto de re-acción, antítesis de la acción, espejo reflejado de la acción o fuerza simétrica producida por la acción. Es decir, un caballo es el universo visible en acción y, el otro, los planos invisibles (pero sí perceptibles) en movimiento, que podríamos considerar la reacción o consecuencia en lo oculto lo que se ha hecho en lo tangible.
A partir de ahí se vuelve a generar algo en los planos sutiles que se manifiesta en un momento dado en lo visible y tangible, formándose cadenas causa-efecto. De ahí la ley ariana: "ojo por ojo y diente por diente". El enigma de la cuestión está en cómo batallar, luchar y vencer sin verse esclavizado por consecuencias kármicas desequilibrantes que más adelante pueden perturbar, detener, desequilibrar o incluso tumbar al jinete y su carruaje. El camina como en el filo de una navaja y un desliz en el manejo de la trayectoria puede representar un retraso importante. Solemos hacer analogía entre lo espiritual y lo pasivo, subjetivo, contemplativo, paciente e interiorizado, pero eso es sólo un 50 por ciento de la cuestión, ya que lo espiritual puede y debe de manifestarse hacia fuera y hacia dentro, es decir, en realidades, pues ni sólo lo objetivo llega a ser "real" ni únicamente lo subjetivo consigue "real-izarse". Aries, el Carnero, el signo cardinal de fuego, o el más de fuego de los tres de fuego, da una magnífica enseñanza al respecto, pues engarza la intuición, el idealismo y la espiritualidad del elemento fogoso con la bravura, el sacrificio (sacro-factum, acto sagrado) en la acción y la energía, valientemente contundente en aras de la verdad del guerrero espiritual.
Cuanto más potente es la fuerza que se ejerce en el sentido de lo blanco, más poderosa a su vez es la energía de lo negro, cuya fuerza no se da por vencida ni sometida tan fácilmente. Así, el conductor del carro va aprendiendo a ser proyectado enérgicamente hacia delante aprovechando el idealismo puro del caballo blanco y usando los obscuros intereses egoístas de lo negro como una increíble fuente de experiencias, las cuales se le van a ir presentando en su línea hacia la victoria final. Entonces, pues, de lo negro aprende a usar y domar en un sentido evolutivo las pasiones externas- envidias, rencores, susceptibilidades, enemistades, etc.- y los instintos internos (miedos, inseguridades, debilidades y otros).
Por todo y en relación con ello, el Carro tiene estampado el símbolo solar en su frente pues sin una fuerte y verdadera individualidad interna, creativa y generadora, la escena degeneraría en competitividad, luchas estériles y afanes de poder. Guiar y conducir ese carro del Sol interno no es fácil, pudiendo sólo conseguir el éxito con la claridad en el centro del yo, que afina con la vida, la Creación, la transformación evolutiva de las energías, el afán de libertad espiritual y la búsqueda de la Verdad sin límites. Sólo así es posible pasar internamente dignificado y limpio entre arrebatos pasionales, locuras de poder de la mente humana, intrigas subterráneas, agresividad destructiva, etc. El humeante, desolador y descompuesto campo de batalla va quedando atrás y el guerrero del Sol continúa adelante con rasguños, magulladuras, suciedad externa y alguna herida, pero con los ojos chispeantes y brillantes por haber sido fiel en cada segundo y por estar llegando al fin bajo el arco triunfal, que no es otra cosa que la difícilmente asequible puerta a un estado de luz, vida y verdad superior.
ARQUETIPO EN RELACION
Uno de los arquetipos o figuras sitas en el inconsciente humano colectivo es el Héroe luchador que pasa por cientos de peligrosas acrobacias y aventuras, aún poniendo en riesgo su propia vida, pero persiguiendo un noble fin, de cuyo éxito pueden depender la vida, libertad o felicidad de sus amigos o de otras muchísimas personas, incluso ajenas a la situación.
Ese es el Héroe o la Heroína a los que vamos a revitalizar en nuestro subconsciente al ir al cine, aunque sólo sea durante un par de horas; pero a veces pasa que al tomar un camino de rectitud espiritual y búsqueda de la verdad, la realidad empieza a tornarse más peligrosa, aventuresca, apasionante y llena de vicisitudes que la propia ficción...Entonces comenzamos a ser los héroes y heroínas de nuestra propia película.
En otro orden de cosas, el militar ariano, disciplinado, dispuesto a todo, forjado como acero, y que sabe salir adelante si es preciso solo, en las más dificultosas situaciones, es otro personaje análogo al Arcano 7. El sujeto competitivo, arrollador, duro, lanzado sin miedo al objetivo y fuerte peleador cara a conseguir una victoria sobre algo y por encima de otros, es otro arquetipo en afinidad con el Carro.
Es, en síntesis, el héroe al que admiramos porque nos salva de intensos peligros, o el competidor agresivo que nos amedrenta con sus poco delicados empujones. Puede ser tanto el héroe real o de ficción que dirige con mano firme al grupo en los momentos difíciles, como el tirano expoliador que no cesa ante nada para conseguir sus malévolos fines.
OTROS PERSONAJES
El Violento es el que no respeta ni la vida ni la individualidad en su afán de eliminar obstáculos y enemigos, pudiendo llegar a ser el Criminal, el cual piensa que tiene la potestad para quitar la vida o hacer chantaje con ella, no vislumbrando que la esencia humana (individualidad, Sol) es eterna e imperecedera. Pero por violar las manifestaciones de la vida, siendo una el cuerpo físico, recibe en su momento la lección en carne propia, no como castigo sino como "pedagogía universal de urgencia de las leyes naturales".
El Líder Libertador es el que comanda la revolución (y evolución) cara a una verdadera libertad, exigiendo a su pueblo ciertos sacrificios pero siempre dando él más que ninguno. El Militar Tirano hace sacrificio de vidas en aras de supuestos valores de libertad, pero que en realidad son fines y negocios personales de poder.
El Pionero se coloca en punta de lanza y lo arriesga todo con seguridad pasmosa, dotes de acción espontánea en situaciones límite, carácter forjado que no admite sentimentalismos paralizadores y mente concentrada en la estrategia que dará la victoria. Controla su miedo a lo desconocido, su apego a lo que ha dejado y su cansancio en los momentos difíciles.
PALABRAS-CLAVE TRASCENDENTES.
MARCHA DECIDIDA: se ha optado por un sendero que en ningún momento se debe abandonar, pues la vacilación sería la pérdida de unas metas claras. Otra cosa es mantener una capacidad de acción espontánea ante los imponderables e imprevistos.
SUPERACION DE OBSTACULOS: cómo continuar ante la barrera de alguien, de un factor externo o de una grieta interna, requiere poner toda la fortaleza a tope, con la conciencia de que esa energía se ha de controlar para no degenerar en violencia.
VICTORIA: el Arcano habla de triunfo o de llegada a la meta, después de todo el proceso previo.
CONQUISTA: un Arcano precisa fuerza casi sin límites, en lo físico, emocional, mental y de la voluntad. Los débiles caen y ni siquiera llegar a vislumbrar la puerta del triunfo desde lejos.
DOMINIO DE LA DUALIDAD: se vencen las dudas, indecisiones, contradicciones, espejismos, obscurantismos y criticismos, pasando de manera rauda y decidida entre ellos.
VALOR: no significa no tener miedo, pues entonces no tendría tanto mérito, sino superarlo y transmutarlo en una dosis precisa de instinto de protección.
NOBLE SACRIFICIO: se someten durante un tiempo los placeres superfluos cara a lograr una más completa plenitud o felicidad. Los sacrificios exigidos y autoexigidos pretenden un fin elevado y de altura.
SECUENCIAS.
La aventura se nos inicia apenas sin haberla buscado, desde el momento en que como un rayo y por la coronilla de nuestra cabeza llegó el impacto de la existencia de algo superior, más allá de los valles florados, las montañas, los picos abruptos y nevados, los desiertos con puntuales oasis, las selvas lluviosas y calientes, los fétidos pantanos y otros.
La necesidad de conducir al pueblo y los amigos hacia esa tierra prometida es tan fuerte que, visto desde fuera, ellos sienten en nosotros una fuerte presencia que impregna desde cada uno de nuestros cabellos hasta la silueta de nuestra sombra sobre la arena. ¡Comienza la batalla!, primero por dentro, tomando la carga de una responsabilidad y un riesgo, formándose durante unos momentos un desgarre entre nuestras instintivas debilidades y los objetivos ideales pero... ya está bien. ¡se acabaron las vacilaciones!. ¡Adelante!, la decisión está ya tomada y grabada en el alma con las letras del fuego de la conciencia.
Una fuerza irresistible se autofomenta como enérgico entusiasmo, haciendo que los que nos rodean alcen su mirada caída hacia el suelo y anclen su vista definitivamente en el horizonte del futuro. Los briosos corceles relinchan rebeldes uno del otro pero a la vez sintiendo la cercanía de la trepidante acción para la que están hechos. Rápidos preparativos se inician, tomando lo vitalmente imprescindible y haciendo que el pueblo no se apegue a sus dudas, que en ocasiones le atraen fuertemente a la inmunda "seguridad" de la rutina, frente a la "inseguridad" de lo maravillosamente desconocido.
La marcha se inicia entre un gran estrépito y rápidamente se establece una jerarquía natural, teniéndonos como punta de lanza; luego los más rápidos y aventados, los vigías, por delante la avanzadilla, etc. Después de la fuerte inclemencia de los elementos, las jornadas agotadoras, los peligros que acechan y atacan, las pequeñas traiciones internas y otros, mantener la moral y disciplina del grupo es más que delicadamente difícil: es casi imposible. Sólo una poderosísima individualidad de líder que saca fuerzas de no se sabe dónde, es capaz de mantener tan ardua lucha en tan variados y simultáneos frentes: sabemos lo que debemos hacer, y lo haremos.
EXPERIENCIAS.
El Héroe Conquistador deja al grueso de la caravana atrás en lugar seguro y se adentra con un pequeño grupo de valerosos en la obscura manta de sombra de la noche. Los osados luchadores realizan la incursión con dos fines: uno, buscar un símbolo o un signo que indique de forma fidedigna el camino correcto y, segundo, detectar todos los peligros, trampas y acechos que en esta recóndita zona puedan socavar la buena marcha de la misión.
La inteligencia activa del Héroe Conquistador está al hilo de cualquier ruido de las hojas, de los susurros del viento, las variopintas formas de las nubes a la luz de la Luna, los sonidos de los animales nocturnos, y de todo aquello que pueda ser un indicativo de salvación o de peligro. No valen ahora ni las debilidades físicas, ni los sentimentalismos, ni los conceptos teóricos, como tampoco una voluntad inconsciente. Sólo la unión entre los instintos más finos y la intuición desatará las cadenas de la esclavitud.
Pasan innumerables jornadas y al Héroe Conquistador le toca lanzarse vertiginosamente hacia el ya avistado Arco del Triunfo, para abrir la brecha al resto del séquito entre un dantesco espectáculo de muerte y desolación. Las humaredas casi no dejan ver en ocasiones el día luminoso y azul que con los cielos abiertos se colorea más adelante. Como un triángulo formado entre los dos caballos y el jinete, el Carro va dejando una chispeante estela de fuego tras de sí. Ya el Carro es una sola unidad y nada ni nadie lo puede detener. Su rugiente fuerza enérgica asusta a la mente dañina y alegra al buscador sincero del edén.
Los últimos metros hacia la dorada puerta ya casi no son imagen de este mundo, sino un capítulo de una odisea divina u olímpica. El pórtico es atravesado y un fulgurante resplandor ilumina el cielo. Todo está consumado. Si uno llegó, los demás llegarán.
MITOLOGIA.
Por ser el Arcano número 7 remite al septenario, es decir, la finalización de un ciclo. En el plano mítico alude a Helios Apolo y recordemos que el Sol se exalta en el signo del Carnero.
Apolo montado en el Carro del Sol reparte la luz en nuestro mundo y tiene la privilegiada y experta misión de conducir al astro en su correcto curso diariamente desde el naciente hasta el poniente. El Carro sugiere el cuadrado -la materia, los cuatro elementos- dominado por un triángulo, formado por el auriga y los dos caballos (4 + 3 = 7).
Es la señal del dominio del espíritu sobre la materia y de la materialización de la conciencia en obras prácticas. Platón en Phaedrus habla del alma humana como un auriga conduciendo dos corceles, siendo uno el noble estado de la razón y, el otro, el innoble del deseo pasional.
LAMINA DERECHA (TENDENCIA ARMONICA).
Los acontecimientos y el decurso del destino van acelerados, pues unos brazos y manos (prolongaciones activas de la inteligencia) fuertes son capaces de dar a las riendas los pequeños cambios de dirección oportunos.
Ni la carga de los recuerdos apesadumbrados ni una anticipada sensación de victoria producen un aflojamiento de las intensas energías aplicadas en las propias facultades.
Con valor y sudor se consiguen las metas con anterioridad vislumbradas. El propio ser proyectado en acción va diferenciando lo que es blanco de lo obscuro, sin la intención de perjudicar a nadie, sólo pretendiendo definir verdades mediante tajantes realidades.
LAMINA INVERTIDA (TENDENCIA DESARMONICA).
Las pasiones poco claras y egoístas, al igual que los afanes de gloria, poder, reconocimientos y derrotas causadas sobre otros, hacen que el carro esté peligrosamente a punto de inflamarse y chamuscarse precipitadamente.
Una cosa es no abandonar la senda trazada, pero en este caso arrollar y arrasar se convierte en un placer poco confesable. El conductor del carro piensa que su energía es ilimitada pues su ego se infla por momentos, lo cual le hace errar en el momento adecuado y en la intensidad precisa con la que debe aplicar sus energías.
Su ceguera pasional le inclina a descuidar el difícil equilibrio y complementación que ha de mantener entre los dos corceles. Un miedo al fracaso le puede motivar a provocar un rápido desquite o duelo final, en el cual guiado por odios o rencores es más que probable que sea literalmente derrotado o que lo perdido (moral o materialmente) sea mucho mayor que lo logrado.
LETRA HEBRAICA EN CORRESPONDENCIA.
Le corresponde la letra ZAIN. Se le asimila el significado "espada" o "flecha" según los autores. Es el arma o instrumento utilizado por el hombre para vencer y dominar. La ZAIN expresa la victoria en todos los mundos.

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